HISTORIA Y ARTE DE YESA

OTROLOGO

Yesa y el Camino de Santiago

Esta ruta forma parte del Camino de Santiago Francés en España pues era la que tomaban los peregrinos que procedentes del Este del país galo alcanzaban la ciudad de Toulouse para atravesar la Cordillera Pirenaica a través del Puerto de Somport. Aunque en su origen el paso primitivo se encontraba en el puerto del Palo, en el valle de Echo. Una vez en España, se dirigían hacia tierras navarras para unirse en Puente La Reina a los que había cruzado las montañas por el Puerto de Roncesvalles y traían la conocida como Ruta Jacobea Franco-Navarra. Esta ruta continúa hacia Santiago de Compostela a través del Camino de Santiago Francés. El itinerario desde que entra en España hasta que se une con otros Caminos en Puente la Reina y que pasa por Yesa es: 

Municipio - Provincia

Somport (Aísa) - Huesca

Estación de Canfranc (Canfranc) - Huesca

Villanúa/Billanuga - Huesca

Castiello de Jaca - Huesca

Jaca/Chaca - Huesca

Santa Cruz de la Serós -  Huesca

Santa Cilia de Jaca - Huesca

Puente la Reina de Jaca - Huesca

Berdún (Canal de Berdún) - Huesca

Sigüés - Zaragoza

Tiermas (Sigüés) - Zaragoza

Yesa - Navarra

Javier - Navarra

Sangüesa/Zangoza - Navarra

Liédena - Navarra

Lumbier - Navarra

Nardués (Lumbier) - Navarra

Aldunate (Lumbier) -  Navarra

Izco (Ibargoiti) - Navarra

Abínzano (Ibargoiti) - Navarra

Salinas de Ibargoiti (Ibargoiti) - Navarra

Monreal/Elo - Navarra

Yarnoz (Noáin) -  Navarra

Otano (Noáin) - Navarra

Gerendiáin (Noáin) - Navarra

Tiebas-Muruarte de Reta - Navarra

Campanas (Tiebas-Muruarte de Reta) - Navarra

Biurrun-Olcoz/Biurrun-Olkotz - Navarra

Ucar (Tiebas-Muruarte de Reta) - Navarra

Enériz/Eneritz - Navarra

Obanos - Navarra

Puente la Reina/Gares - Navarra

España adoptó el 4 de mayo de 1982 la "Convención para la protección del Patrimonio cultural y natural de la Humanidad" de la UNESCO de 1972. Dos años más tarde, en 1984, se incorporan a la lista de bienes Patrimonio de la Humanidad los primeros cinco bienes culturales situados en España. En 1993, el Camino de Santiago es declarado Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad como itinerario que atraviesa las Comunidades Autónomas de Aragón, Navarra, La Rioja, Castilla y León y Galicia El ramal del Camino de Santiago que penetraba por Somport y continuando por Canfranc llegaba a Jaca, entraba en Navarra por la villa de Yesa. Como testigo de este hecho restan la parroquia vieja de San Esteban y la ermita de Santa Maria, antiguo hospital de peregrinos situado cerca del puente llamado de los Roncaleses. A cuatro kilómetros de Yesa se encuentra el Monasterio de San Salvador de Leyre.


 Yesa, villa medieval

Su término limita con la villa de Lumbier al Norte, con Aragón al Este, con Javier y Sangüesa a Sur y al Oeste con Liédena. Los orígenes de esta villa son antiguos correspondiendo los primeros datos históricos al siglo IX. Así en el 842 el rey Iñigo Jiménez concede al abad Fortún y a Leyre las villas de Yesa y Benasa con todas sus pertenencias. En los años siguientes se hacen donaciones a Leyre de un molino, una casa y un olivar situados en Yesa. En 1174 el Papa Alejandro III confirmó al Monasterio todas estas posesiones. En 1173 el abad Jimeno, con autorización de Sancho el Sabio, liberó de pechas a los vecinos de la villa. En 1274 el abad del monasterio pagó 500 sueldos a Miguel de Uncastillo, precio en el que había sido empeñada la villa de Yesa. El caserío se extiende en llano frente a la iglesia vieja y hacia la carretera, al otro lado de la cual se sitúa la iglesia nueva. Las casas se hallan muy modernizadas y apenas conservan algún elemento antiguo como algún arco apuntado. Su trazado urbanístico presenta varias callejas y una calle ancha a modo de plaza donde se sitúa una gran casa de fachada de sillarejo y cadenas de sillar en las esquinas. Presenta tres niveles, un piso inferior con arco de medio punto de ingreso, un segundo con balcones e inscripción AN0/DE/1858/ y un tercero con pequeñas ventanas. Esta villa era el acceso natural y por dónde entraban a Navarra todas las rutas comerciales y culturales que venían de los Pirineos: además del Camino de Santiago era punto estratégico de la Cañada de los Roncaleses y de la ruta almadiera. Desde una perspectiva ambiental, el municipio de Yesa se encuadra en dos LICs de la Red Natura 2000: el de la Sierra de Leyre y el del Tramo Medio del Río Aragón; lo que aporta un valor ecológico inconmensurable a la localidad. El siglo XX tuvo un protagonista destacado en la evolución de Yesa: el embalse. Gigantesca infraestructura sobrevenida al pueblo que ha llenado de claro-oscuros la vida de la localidad. Su construcción no ha sido una cuestión coyuntural, se trata de una obra de tanta envergadura que ha cambiado de forma determinante el devenir local. Cambios estructurales a los que Yesa se ve sometida desde el exterior y que han aumentado considerablemente en la última década con las obras de recrecimiento del embalse y la construcción de la Autovía A21. El escudo de la villa «trae de oro y un encino de sinople partido de gules y un báculo abacial de oro sobre el que hay posado un pajarillo de plata. Por timbre un yelmo empenachado». Es una clara referencia a la vinculación que Yesa siempre ha tenido con el Monasterio de San Salvador de Leyre.


La ermita de Santa María

Emplazada cerca del puente medieval sobre el Aragón funcionó como hospital de peregrinos. La planta es una nave alargada, ampliación de una primitiva nave medieval de hacia 1200 de la que queda una pilastra en su imposta y un arco fajón cortado que soporta la techumbre de madera. La sacristía se adosa a la cabecera por el lado de la Epístola, es una estancia cuadrada cubierta a cielo raso. Al exterior, la ermita es una construcción horizontal alargada de sillarejo en parte enlucido, con un contrafuerte que corresponde al fajón interior y una puerta apuntada con dovelaje radial. La imagen titular de Santa María se encuentra en la casa parroquial. Queda en la ermita un nicho rococó sobre el altar mayor.


 Otros elementos patrimoniales


 Monasterio de San Salvador de Leyre

La primera noticia histórica que existe sobre el monasterio de Leyre es, sin duda, la visita de San Eulogio de Córdoba el año 844. A mediados del siglo IX hallamos también otra referencia bastante concreta. Importante, porque es el inicio de una devoción que llegó a ser muy típica del monasterio: la de las santas mártires Nunilo y Alodia. El año 920 Abderramán III lleva su campaña a la zona estratégica de Leyre. Remonta el Aragón por la vía clásica de las invasiones del Sur. El choque, y la derrota cristiana, se produce en Liédena y la Foz de Lumbier, a la entrada del valle del Irati. Abderramán sigue a Pamplona a donde llega al cabo de cuatro días. Durante esta etapa tan convulsa la Monarquía del Reyno de Pamplona se refugió en Leyre. Se creó entonces una situación que durará en el siglo X y buena parte del Xl. Comienza la costumbre de que los obispos de Pamplona se elijan entre los monjes de Leyre. El último rey de la dinastía de los Arista, Fortún Garcés, el monarca que había estado tanto tiempo en Córdoba y que era abuelo de Abderramán III, al ser depuesto, pasó a ser monje de Leyre. Puede decirse muy bien que desde estos siglos IX y X aparece ya Leyre como el más importante de los centros monásticos de Navarra. Paralelamente se intensificaba la actividad religiosa. La vida espiritual se adivina floreciente.


 El conjunto monumental

Bajo el pavimento de la gran nave gótica del siglo XIV se conserva con gran precisión el trazado de un templo anterior. En su esquema es de tres naves relativamente cortas. Todo hace pensar que esta fue la primera iglesia de Leyre. La gran cabecera románica, que es la pieza inicial del románico de Navarra y prototipo de las grandes construcciones del románico español fue probablemente una obra de ampliación de la iglesia primitiva, que en algún aspecto previo pudo empezar en los últimos tiempos del siglo X, es en definitiva obra del siglo Xl y culmina en la consagración del año 1057. Su planteamiento es del tiempo de Sancho el Mayor. La grandeza que Leyre alcanza bajo su reinado se mantiene con su hijo y con su nieto y comienza a decaer al advenimiento de los reyes aragoneses. Cuando los religiosos cistercienses se hacen cargo de Leyre, su historia adopta un tono menor. No trasciende ya en la historia general del reino de Navarra. Al principio el monasterio no es más que una filial del de La Oliva. Así lo decretó el Capitulo General del Cister reunido en 1269, y por entonces figura un mismo abad, Fr. Raimundo de Bearne, al frente de ambos monasterios. Muy pronto, a tenor de los documentos de la época, Leyre dispone de abades propios nativos del país. La gran nave gótica de la iglesia puso el sello de su incorporación al Cister. Los cistercienses fueron unos magníficos arquitectos y constructores. Han dejado en Navarra tres monumentos eminentes de su estilo propio: las iglesias de La Oliva, Fitero e Iranzu. No desmerece ante ellas el gótico de Leyre, con una bellísima bóveda de la nave, que ha sido calificada como la mejor de Navarra. El viejo monasterio, con antigüedad cuando menos del siglo X, amenazaba ruina, y los monjes decidieron levantar uno nuevo independiente del anterior. El antiguo estaba orientado hacia la Sierra, hacia el Norte. Se construía ahora el nuevo hacia el mediodía, sobre el valle del Aragón. Es el mismo emplazamiento en el que hoy reside la comunidad. Por su estilo y circunstancias de su construcción, hace honor a quienes lo proyectaron y levantaron. Se apoya en el muro Sur del templo y tiene un frente de 53 metros con una profundidad de 46. Sobre la planta baja se alzan cuatro pisos. Es de estilo aragonés, los tres primeros pisos de piedra, cortada en hermosos y regulares sillares, y el último piso en ladrillo pálido, con una serie de arcadas en las que alternan las abiertas y las ciegas. Un gran alero, muy volado, de fuerte talla debida a la mano de Tomás de Gaztelu, vecino de Lumbier, corona la construcción y le presta un aire de noble y serena monumentalidad. La obra del nuevo monasterio fue lenta, desde 1562 a 1640. En los comienzos del siglo XIX, por tres veces hubieron de abandonar el monasterio los monjes de Leyre: en 1809, 1820 y 1836. De las dos primeras salidas, pudieron volver. La tercera supuso la interrupción de la vida monástica durante ciento dieciocho años. Ya en la dispersión de 1820 los daños que se produjeron eran incalculables. De entonces data la incautación del Archivo y de la biblioteca. Salen de Leyre las reliquias de San Virila, depositadas en Tiermas, y las de las Santas Vírgenes, que de momento quedaron en la iglesia de Santiago de Sangüesa. Finalmente el día 16 de febrero de 1836 se cerraron a la vida monástica las puertas de Leyre. Vino entonces el saqueo, la ruina y la desolación, pero aun así el viejo Monasterio fue declarado en 1867 Monumento Nacional y obtenían algunos créditos para las más perentorias obras de conservación. Años después, el 8 de julio de 1915, volvieron a Leyre los restos de los Reyes, que en los días de la Desamortización habían sido llevados a la parroquia de Yesa. La restauración material y espiritual de Leyre es obra de los últimos cincuenta años. El  10 de noviembre de 1954, entraban de nuevo en Leyre los monjes benedictinos, de la Congregación de San Pedro de Solesmes, procedentes de la abadía de Santo Domingo de Silos. El 6 de noviembre de 1961 la Santa Sede restituyó a Leyre su viejo título de Abadía, y el 1 de julio del año siguiente la Diputación Foral de Navarra hizo entrega oficial del Monasterio con sus pertenencias a la Comunidad benedictina. En 1979 estrenaba su primer abad después de la restauración, en la persona de Don Augusto Pascual, uno de los monjes fundadores. Recorrido artístico por el Monasterio de San Salvador de Leyre


Cabecera de la iglesia. En esta denominación incluimos el conjunto de naves y ábsides de la iglesia superior y de la cripta. Ambas constituyen un todo que se adelanta en tiempo a las grandes obras del románico peninsular. En cuanto a la datación, habría que dar una fecha de la primera mitad del siglo XI tanto para la iglesia superior como para la cripta, que serían construidas conjuntamente ya que cripta e iglesia tienen las mismas dimensiones y los pilares centrales de la primera se hallan bajo los pilares análogos de la estructura superior. Esta obra responde a la ampliación de Leyre y culminó en la consagración del año 1057.

La cripta o iglesia inferior está dividida en dos partes. La mayor y más importante ocupa la totalidad del área debajo de la iglesia superior a la que sirve de fundamento. La segunda sección es como una estancia adosada compuesta de dos pequeñas divisiones que está separada de la cripta propiamente dicha por un muro en el que se abre una puerta.

La planta de la cripta consta de tres naves que rematan en ábsides semicirculares. Pilares cruciformes gruesos separan las naves. La nave central está proyectada sin divisiones pero más tarde y con el fin de soportar mejor el peso se colocan tres hiladas de fustes y arcos, una de las cuales se sitúa en el centro y a lo largo de la nave e incluso en el ábside central (esto dará lugar a soluciones improvisadas), mientras las otras dos se colocan transversalmente a cada lado de los pilares centrales, lo que da una sensación de una estructura de cuatro naves que contiene cuatro pequeños tramos. Cortas columnas sin basas apoyadas directamente en el suelo y con grandes capiteles trapezoidales sostienen los arcos bajos peraltados que a su vez sustentan las bóvedas de piedra de cañón corrido con perpiaños sólidamente doblados. La decoración escultórica de los capiteles, se reduce a estructuras geométricas (ondas y arcos trazados con intención asimétrica) o una tosca decoración vegetal a base de una combinación de bulbos y volutas. De la cripta se sale por el portal más antiguo de los cuatro de Leyre. El análisis de sus elementos es una pauta para fijar el proceso cronológico de la construcción. Tiene este portal, arcos en degradación, trasdosado el externo por una simple moldura biselada y embutidos unos en otros. Las dovelas son muy desiguales, la arquivolta de medio punto como los arcos, pero muy irregular, se apoya por los cimacios de unos supuestos capiteles. Como imposta, los arcos se asientan en machones sin otra decoración que la imposta biselada. Se trata de un románico incipiente que aún no ha prodigado en ornamentación, pero que posee el valor de lo esencial y permite fecharlo en el primer cuarto del siglo XI.

La iglesia superior, que en la construcción actual es la cabecera, viene a ser una proyección hacia lo alto de la estructura de la cripta. Una y otra comunican hoy por una escalera interior que no pertenece a la antigua distribución del monumento. La planta consta de tres naves sin crucero que rematan hacia el Este en su ábside correspondiente, en este caso semicircular. Es una planta de tipo basilical común a otras iglesias peninsulares de la época y que también apunta a ciertas relaciones con las iglesias poitevinas del Suroeste de Francia, sobre todo en lo que respecta al alzado de las naves por la casi análoga altura de las laterales con respecto a la central. La cubierta en las naves es de cañón corrido y en los ábsides de cuarto de esfera. Las bóvedas arrancan de una misma línea, pero por ser mayor el radio de la curva de la central, ésta es algo más alta. Las naves están separadas por cuatro enormes pilares acodillados de sección cruciforme con medias columnas adosadas en sus frentes. La nave de la epístola es más ancha que la del evangelio.

Columnas también van adosadas a las paredes laterales. No tienen base, pero sí rematan en hermosos capiteles. Los arcos son doblados y de medio punto con anomalías de ejecución. Los perpiaños parecen rebajados y entre los formeros hay alguno que tiene una leve tendencia a la herradura, como también se acusa en el arco más abierto de la ventana del ábside central. El empuje de la bóveda se asienta sobre el cimacio que es una moldura prismática con un corte de bisel en su parte inferior. Bajo el cimacio, los capiteles, que son de gran tamaño y de dos tipos -los más alargados y de gran volumen se estrechan hacia el collarino, otros se ajustan al modelo cúbico. Son más cortos y su decoración es distinta de la de los anteriores, a base de rosas, etc. Ambos tienen collarino circular y en varios es doble.

Los temas decorativos por lo general, repiten los de la cripta, a base de bulbos, estrías y volutas; de otro tipo aparecen en los capiteles cortos. El tema más común y reiterado de los capiteles de esta iglesia se repetirá en todos los capiteles románicos. Lo que se convierte en peculiaridad, es que cada capitel tiene su cimacio correspondiente. Todos ellos van decorados. Algunos con la típica decoración de este momento del ajedrezado, otros con un vaciado de perlones, otros con esquemas lineales de roleos y rombos, rayados geométricos y una particularidad al aparecer tres rostros muy elementalmente esculpidos y enmarcados por unos arcos que parecen de herradura. Esta cabecera presenta al exterior por la parte oriental del monasterio tres sobrios y hermosos ábsides, de una misma altura. Característica que unos la relacionan con las primeras iglesias románicas del Poitou y que otros solo ven como una característica típica del primitivismo de la construcción y como algo extraño en nuestro románico. Otra peculiaridad de estos ábsides es el empalme continuo sin resaltes entre sus zonas recta y curva y la casi carencia de adornos. La inexistencia de columnas adosadas o de ventanales decorados, el poco vuelo de los canes, su pequeña curvatura y la sencillez decorativa, reducida en su mayor parte a una cabeza de hombre o de animal o esquemáticas figurillas, lazos, bolas y otros atributos. Esta sobriedad primera dista mucho del modelo más típico de León, Jaca y Fromista que más tarde se extenderá en España y nos permite datarlo de la primera mitad del siglo XI.

A esta parte de la cabecera más antigua, que quedó intacta, se añade en tiempo de los cistercienses la gran nave gótica de Leyre. Pero en los muros de esta construcción, se descubre una segunda fase románica, pues se conserva el muro que cierra la iglesia por el Sur que por la traza de la construcción y el estilo son de fecha posterior a la cabecera consagrada en 1057. Los sillares son menores que los de la cabecera. Aparecen dos ventanas típicamente románicas, muy abocinadas y de estricto medio punto. Ambas llevan columnas de fustes muy estrechos que asientan sobre sus correspondientes basas (detalle que no se da ni en la cripta ni en la cabecera del templo). También la escultura de sus capiteles a base de temas vegetales de hojas partidas y caladas, racimos y ramas que se entrecruzan, muestra ya el hacer de un período románico más avanzado.

En este mismo muro donde están estas ventanas se abre la portada sur que actualmente comunica la nave central con la capilla de enterramiento de los reyes de Navarra aunque en su origen era una puerta exterior. Consta de tres columnas con sus correspondientes capiteles que pertenecen al siglo XII ya avanzado. Sobre ellas asientan arcos lisos de grueso bocel entre los que se dispone un abundante número de cañas y molduras que suplantan la falta de tallas en las arquivoltas. El tímpano que recae sobre ménsulas con cabezas de animales, está decorado con el clásico crismón pirenaico. El tratamiento que aquí recibe es muy sobrio comparándolo con el de otras iglesias. Tiene gran parecido con el de San Lázaro de Estella, por lo que hay que datarlo entre 1135 y 1150. Los capiteles sin embargo se fechan en un siglo XII avanzado ya que el tema de los pájaros picoteándose las patas es de influencia compostelana y leonesa.

La capilla a la que da acceso, es de construcción más reciente. En el centro, el enterramiento de los reyes de Navarra. El mausoleo es una talla en mármol de comienzos del siglo XX. También se puede ver en esta capilla una imagen de la Virgen de fines del siglo XII, comienzos del XIII, sostenida a modo de peana. Sobre los muros románicos se completó la obra ojival. La gran nave gótica del siglo XIV que también es una parte importante dentro del conjunto. Los constructores voltearon una cubierta más complicada como corresponde a un momento más avanzado, logrando una nave magnífica de 14 m. de ancho, solamente sobrepasada por la de Ujue. La bóveda se apoya sobre columnas triples góticas que se adosan a los muros románicos y, en otros casos, sobre las propias columnas románicas subsistentes. Con esta construcción toda esa parte del edificio se vio muy modificada, con lo cual resulta imposible saber las partes de la iglesia que fueron objeto de la consagración del 1098. Tras la transformación, el rosetón del oeste quedó descentrado por las necesidades de la obra.

La portada principal forma parte del hastial de la gran nave gótica. Su estilo escultórico responde al románico característico del siglo XII pero el desorden que se advierte en la distribución de las tallas plantea la duda de si pudo ser reconstruida posteriormente en la época cisterciense. La estructura de la portada, consta de tres columnas a cada lado que dan la sensación de multiplicarse al tener las aristas de los codillos redondeadas. Estas sustentan cuatro arcos decorados con una escultura muy expresiva, que cobijan un tímpano de figuras muy arcaicas y de diferente tamaño, rodeadas de una corona de palmetas desiguales. Bajo el tímpano, en los extremos ménsulas con las típicas cabezas del león y del toro y en el centro el parteluz, columna con capitel y basa muy decorados. Por encima de la puerta, en la línea del frente y las enjutas, un gran número de figuras desiguales completa el espacio superando ese «horror vacui» tan presente en el románico. Una serie de modillones en lo alto, indica que estuvo protegido por un tejaroz. Hoy día una gran visera y unos muros laterales hechos para este mismo fin desfiguran un tanto el conjunto.


Iglesia vieja de San Esteban

Es un templo medieval de hacia 1200 con arreglos en el siglo XVI como la puerta, y bóvedas barrocas. A raíz de la Desamortización de Mendizábal, iniciada en el siglo XVIII, los restos de los Reyes Navarros que se encontraban en el Monasterio de San Salvador de Leyre fueron depositados en la Iglesia de San Esteban para ser custodiados allí hasta 1915. En planta forma una nave dividida en tres tramos desiguales y cabecera recta con dos capillas a modo de crucero en el tercer tramo. Dos estancias rectangulares, una de ellas sacristía, se adosan a la cabecera por ambos lados. En alzados, la iglesia presenta los muros enlucidos con restos de pinturas murales en el presbiterio y capilla de la Epístola, de los siglos XV y XVI. EI ingreso a las capillas se hace a través de arcos rebajados Respecto a la cubierta, el tramo del coro conserva un fajón apuntado medieval y la cubierta es de cielo raso. En cambio los otros tres tramos llevan bóvedas de aristas barrocas. EI coro se emplaza a los pies sobre arco escarzano de sillar medieval A la sacristía se accede por una puerta adintelada sobre molduras. Es una estancia cuadrada cubierta por una bóveda de lunetos. Los vanos se distribuyen en número de tres en el lado de la Epístola y uno en el coro. Ya en el exterior destaca la torre medieval emplazada a los pies sobre el último tramo. Es prismática, de sillarejo al igual que el resto de los muros de la iglesia con cadenas de sillar en las esquinas. En el remate se abre un vano y sobre el doble hueco más moderno para las campanas. En un paño retranqueado del lado de la Epístola se encuentra la portada, apuntada con dovelas radiales y bolas en la rosca del arco del siglo XVI; junto a ella una ventanita geminada también decorada con bolas. Sigue el cuerpo saliente de la capilla y sacristía con sendas ventanas cuadradas. La cabecera recta y el lado del Evangelio macizo con un contrafuerte correspondiente al fajón medieval. Recientemente el municipio de Yesa ha visto incrementado el valor de esta pieza de su patrimonio cultural de una forma incalculable. Parte de las actuaciones realizadas en el municipio como compensación por el recrecimiento del embalse se han destinado a la recuperación y restauración de la vieja Iglesia de San Esteban. Estas obras, emprendidas por la CHE, han permitido un acondicionamiento general del inmueble, pero especialmente, poner de manifiesto el inmenso interés de unas bellísimas pinturas murales, únicas en su género, que han sido delicadamente restauradas.


 Puente de los Roncaleses

En las proximidades de la ermita de Santa María se encuentra el puente medieval llamado de los roncaleses que cruza el río Aragón. Fue un puente estratégico, con protagonismo en determinados momentos de la historia del reino de Navarra. Recibe su nombre de una legendaria batalla en la que las gentes del cercano valle del Roncal vencieron a las tropas de Abderramán I (731-788), y en honor a los hechos allí acontecidos aparece representado en los escudos de los pueblos del Valle de Roncal. Siglos después, habiendo sido Navarra incorporada a Castilla y Aragón, un ejército franco-navarro al mando de Asparrós penetró en 1521 en Navarra para intentar reconquistar el reino para el rey Juan de Albret, teniendo que huir de Pamplona las tropas castellanas y el virrey Duque de Nájera. La víspera de la fiesta del Espíritu Santo fue atacada en el puente de Yesa la compañía de Calahorra, al mando del capitán Rodrigo Hurtado, por gentes de Sangüesa, Cáseda y Yesa, acaudilladas por el propio Mariscal, Pedro de Navarra, y los hijos del solar de Javier, según refiere Idoate. Los 146 hombres de que se componía la compañía castellana quedaron a merced de los asaltantes, sufriendo cuatro muertos y varios heridos. No se les hizo mayor daño y se les dejó seguir sin armas y medio desnudos. Pero al ocupar de nuevo Navarra el ejército del Duque de Nájera y ser vencido Asparrós en la batalla de Noain o Ezkirotz, fueron procesados unos cuantos de los que tomaron parte en la acción del puente de Yesa. Sangüesa, cuya participación fue masiva, fue condenada a una multa de 1.850 ducados. Su estado es ruinoso actual, le faltan dos de sus cinco ojos primitivos, se debe a que fue dinamitado en 1710 por las tropas del archiduque. Desempeñó un papel fundamental en la Peregrinación ya que relacionaba Yesa con Javier, Sangüesa y Aragón. A él se accedía por un camino que partía de la ermita de Santa María la Real.


 Iglesia nueva de San Esteban

La iglesia fue edificada en 1950 por el ingeniero René Petit de Ory y el arquitecto Luis Vallet de Montano. La primera piedra se colocó el 22 de enero de 1950. La planta es de tres naves formadas por columnas dóricas de fuste liso y ábside semicircular. Una tribuna de madera recorre todo el interior de la iglesia apoyando sobre las columnas. Los muros son enlucidos. En el muro del lado del Evangelio podemos encontrar una pintura al óleo de la historia de San Virila firmada por Basiano. El retablo mayor es una adaptación del mayor de la Colegiata de Roncesvalles, realizado entre 1618 y 1624 por Gaspar Ramos y Vitorián de Echenagusia. Consta de un banco y dos cuerpos de tres calles que corresponden a la parte central del de Roncesvalles del que se ha prescindido de las alas y el remate. El sagrario es el del retablo antiguo Al exterior se aprecia una torre prismática a los pies, de fuste macizo, inspirada en la de la Santa Cruz de la Seros, con un vano de medio punto para la campana. La puerta es un simple arco de medio punto sobre pies derechos cobijado bajo un atrio de tres arcadas y entre ellas contrafuertes. Le sigue el volumen de la sacristía y el ábside semicircular con contrafuertes y sobre el una pequeña espadaña. El lado del Evangelio presenta un volumen simétrico al de la sacristía y tres contrafuertes.